Regreso a clases y enfermedades: ¿por qué parece que los niños se enferman de todo?
Volver a clases significa reencontrarse con amigos, maestros, rutinas… y también con muchos virus y otros microorganism
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Para algunas familias comienza un ciclo bastante conocido: unos días de escuela, después aparecen los mocos, la tos o la fiebre; el niño mejora, regresa al salón y, poco tiempo después, parece comenzar otra vez.
Y entonces surge la pregunta:
“¿Por qué mi hijo se enferma tanto desde que regresó a la escuela?”
Aunque puede resultar agotador para toda la familia, que las enfermedades aumenten al comenzar o retomar la escuela no significa necesariamente que exista un problema con las defensas del niño.
Entender qué está ocurriendo ayuda a saber qué podemos prevenir, qué podemos vigilar en casa y, sobre todo, cuándo es momento de consultar al pediatra.
La escuela también significa mayor exposición
Durante las vacaciones, muchos niños tienen contacto principalmente con su familia o con grupos relativamente pequeños.
Al regresar a clases, el escenario cambia.
De pronto comparten durante varias horas el salón, juguetes, materiales, mesas y espacios comunes con muchos otros niños. Además, juegan juntos y tienen contacto cercano constantemente.
Todo esto facilita la transmisión de algunas infecciones.
Los niños pequeños, además, todavía están aprendiendo hábitos como lavarse correctamente las manos, cubrirse al toser o estornudar y evitar tocarse constantemente la nariz, los ojos o la boca.
Por eso el inicio del ciclo escolar puede venir acompañado de una mayor circulación de enfermedades respiratorias y gastrointestinales.
“Pero apenas se había recuperado…”
Esta frase probablemente la han dicho muchísimos padres.
Un niño puede recuperarse de una infección y, poco después, adquirir otra diferente.
No necesariamente significa que “la enfermedad regresó” o que el tratamiento anterior no funcionó.
Los niños pueden estar expuestos sucesivamente a distintos microorganismos, especialmente cuando comienzan a convivir regularmente con otros niños.
La American Academy of Pediatrics señala que los niños pequeños sanos pueden presentar varias infecciones respiratorias a lo largo del año; su frecuencia suele disminuir conforme crecen.
Por eso es importante observar algo más que simplemente contar cuántas veces se ha enfermado.
Hay que considerar qué tipo de enfermedades presenta, cuánto duran, cómo se recupera entre ellas, su crecimiento y si aparecen complicaciones o infecciones especialmente graves o inusuales.
¿Qué enfermedades suelen circular con mayor facilidad?
Entre las más frecuentes durante la etapa escolar encontramos las infecciones respiratorias, como los resfriados.
También pueden presentarse enfermedades gastrointestinales que provocan vómito o diarrea, además de otras infecciones transmisibles comunes durante la infancia.
Las infecciones respiratorias son particularmente frecuentes en los entornos escolares y de cuidado infantil.
Sin embargo, tener mocos, tos, fiebre, vómito o diarrea no permite por sí solo saber exactamente qué enfermedad tiene un niño.
Los mismos síntomas pueden aparecer en distintas enfermedades.
Por eso debemos evitar automedicar o utilizar antibióticos simplemente porque “la vez pasada tenía algo parecido”.
¿Podemos evitar que se enfermen?
Evitar absolutamente todas las infecciones sería prácticamente imposible.
Pero sí podemos disminuir el riesgo de transmisión.
Algunas medidas sencillas tienen un impacto importante:
Enseñar y reforzar el lavado frecuente de manos con agua y jabón.
Enseñarles a cubrir nariz y boca al toser o estornudar, preferentemente con un pañuelo o con la parte interna del codo.
Evitar compartir vasos, cubiertos y otros objetos personales.
Mantener al día las vacunas recomendadas para su edad, de acuerdo con las indicaciones de su pediatra y las autoridades sanitarias correspondientes.
Procurar una alimentación adecuada, actividad física y suficientes horas de sueño.
Mantener una buena ventilación de los espacios cuando sea posible.
Y algo fundamental: no enviar enfermo al niño a la escuela cuando sus síntomas requieren que permanezca en casa.
El lavado de manos, la higiene respiratoria, la ventilación y la vacunación forman parte de las principales medidas recomendadas para reducir la transmisión de infecciones en las escuelas.
¿Cuándo debería quedarse en casa?
Aquí aparece el dilema que conoce cualquier familia:
“¿Tiene que faltar o puede ir a clases?”
No todo moquito significa automáticamente quedarse en casa.
Lo importante es valorar el estado general del niño, sus síntomas y las indicaciones específicas de su escuela y de su pediatra.
En términos generales, un niño debería permanecer en casa cuando tiene fiebre, vómitos repetidos, diarrea importante, síntomas respiratorios que están empeorando o cuando simplemente no se encuentra suficientemente bien para participar normalmente en sus actividades escolares.
Mandarlo enfermo a clases no solamente puede facilitar que otros niños se contagien.
También significa pedirle que cumpla una jornada escolar cuando su cuerpo necesita recuperarse.
¿Y cuándo puede regresar?
Esto dependerá de la enfermedad y de las indicaciones médicas particulares.
Como orientación general, los CDC señalan que un niño puede regresar cuando se encuentra suficientemente bien para participar en sus actividades y sus síntomas están mejorando.
En el caso de la fiebre, debe haber permanecido al menos 24 horas sin fiebre y sin utilizar medicamentos para bajarla. El vómito debe haber cedido y el niño debe poder mantener líquidos y alimentos; la diarrea también debe haber mejorado.
Algunas enfermedades tienen recomendaciones específicas, así que no existe una regla única que funcione para absolutamente todos los casos.
¿Cuándo conviene consultar al pediatra?
Más que entrar en pánico cada vez que aparece un estornudo, conviene aprender a observar al niño completo.
Consulta con su pediatra cuando los síntomas sean intensos o persistentes, cuando exista dificultad para respirar, signos de deshidratación, fiebre acompañada de otros síntomas preocupantes, deterioro importante del estado general o cuando las infecciones sean especialmente graves, inusuales o recurrentes y exista preocupación por su frecuencia.
Y existe una regla sencilla que los padres suelen conocer mejor de lo que creen:
si algo en el comportamiento o estado de tu hijo te parece muy diferente a lo habitual, vale la pena prestarle atención.
Regresar a clases también es un proceso de adaptación
Las primeras semanas pueden traer cambios de horario, cansancio, nuevas rutinas, emociones… y también algunas enfermedades.
No podemos criar a los niños dentro de una burbuja, por mucho que a veces parezca una alternativa razonablemente atractiva.
Lo que sí podemos hacer es enseñarles hábitos de higiene desde pequeños, cuidar su salud general y aprender a reconocer cuándo una enfermedad puede manejarse con vigilancia y orientación en casa y cuándo necesita valoración médica.
Enfermarse ocasionalmente forma parte de la infancia.Ignorar las señales de alarma no tiene por qué formar parte de ella.
Ante dudas sobre los síntomas, la frecuencia de las enfermedades o la recuperación de tu hijo, una valoración pediátrica permitirá analizar su caso de manera individual.

Bibliografía
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American Academy of Pediatrics. Managing Infectious Diseases in Child Care and Schools: A Quick Reference Guide. 7th ed. American Academy of Pediatrics; 2026.
American Academy of Pediatrics. Textbook of Pediatric Care. “Recurrent Infections.”
American Academy of Pediatrics Council on School Health. When to Keep Your Child Home Sick from School. HealthyChildren.org; 2024.
Centers for Disease Control and Prevention. Everyday Actions for Schools to Prevent and Control the Spread of Infections. CDC.
Centers for Disease Control and Prevention. When Students or Staff Are Sick. CDC.




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